Archivos de la categoría Alejandro Rivas

¿BLANCO O NEGRO? Las raíces de la violencia ideológica

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Desde hace algún tiempo vengo reflexionando sobre  la forma en que las personas adquirimos –y, en consecuencia, practicamos- nuestras creencias. Mi motivación para hacerlo ha sido inevitablemente personal: como cristiano evangélico siempre me he visto en la necesidad de dar cuenta de mi fe a un mundo en el que esta no es compartida por todos y en el que ella no es más que una opción de vida entre muchas otras. Sin embargo, con el transcurrir de los años mi preocupación se ha vuelto cada vez más colectiva debido al problema de la violencia. En una sociedad tan diversa, las creencias no permanecen estáticas, sino que encarnan pretensiones de verdad, poder, estatus, hegemonía o reconocimiento. Más aún, estas suelen traducirse en prácticas que chocan entre sí, muchas veces con violencia. Pienso que vivimos en un mundo violentamente ideológico y llamo aquí violencia ideológica a toda forma de agresión originada por el sentimiento de aversión a maneras distintas de pensar.

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GÉNERO, VIOLENCIA DE GÉNERO Y POSTURAS SOBRE EL GÉNERO

Mujeres-por-la-equidad-de-géneroPese a su uso en el mundo académico desde hace décadas, es recién a partir de los últimos años que el término “género” viene levantando mucha desconfianza entre la mayoría de los sectores religiosos de nuestro país. Frente a la acérrima oposición que, en la hora actual, vienen manifestando las iglesias contra la denominada “ideología de género” y la férrea posición del gobierno en defender el uso del término en el currículo educativo, urge precisar lo que se entiende  o debería entenderse por “género”.

En su reciente pronunciamiento, la Asociación Paz y Esperanza manifestó su inquietud respecto de aquellas posturas que abogan por erradicar el enfoque de género y la enseñanza de la educación sexual de las escuelas públicas. De ahí la necesidad de esclarecer esta posición, sin desvincularla de la preocupación que embarga a los diversos colectivos religiosos que se encuentran convencidos de su causa. En este artículo intentaré persuadir a los creyentes de que el género es un concepto que puede utilizarse de una manera compatible con el evangelio y no como un vocabulario que busca promover la homosexualidad. La razón de ello es que existen diversas posturas sobre el género que es preciso que la población conozca para evitar confusiones terminológicas.

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GLORIA IN PROFUNDIS

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Proveniente de la tradición cristiana, la navidad se sustenta en una poderosa idea que bien vale la pena profundizar en un mundo tan desigual y violento como el nuestro. Tanto para los espíritus dispuestos a escuchar, antes que a creer, como para los espíritus devotos o religiosos, la idea se presenta a manera de misterio, más aún, de paradoja: el mensaje del dios-hombre (más radical aún, del dios-niño) se plantea como liberador para una humanidad sufriente. Como decía, pienso que no se necesita ser creyente para valorar el profundo sentido de la paradoja.
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¿HACIA DÓNDE VA EL VOTO EVANGÉLICO?: LAS CONTRADICCIONES DEL MORALISMO

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El 5 de junio deberemos elegir al nuevo Presidente de la República. Se trata de una decisión difícil, toda vez que los candidatos aspirantes al sillón presidencial, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynsky, llevan sobre sí serios cuestionamientos con relación a sus antecedentes en la vida política, como también es el caso de los integrantes de sus respectivos partidos. Puesto que la lucha por los votos es reñida, en este artículo me gustaría referirme  a una gran masa de votantes con la capacidad de hacer virar el timonel de la elección en uno u otro sentido. Se trata de ese sector de la población que reivindica para sí la cosmovisión religiosa como forma de ver la vida y de interpretar la política. Me refiero a la población evangélica.

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Fines éticos de la televisión

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La reciente discusión sobre la calidad de los programas televisivos en nuestro país, bien podría prestarse a una simpática analogía con el primer prólogo de la obra Fausto, de Goethe. En esta parte de la obra, entran en escena tres personajes: el director, el poeta y el gracioso, quienes discuten sobre el contenido del espectáculo que habrán de ofrecer al público.

El primero de ellos, el director, que no es otro que el empresario que concibe la pieza teatral como un negocio, se encuentra empecinado en satisfacer, a como de lugar, las exigencias de su público: “buscad solo la forma de aturdir a los hombres, que eso de satisfacerlos es difícil”, afirma. Esta postura desata la indignación del poeta, amante de la verdad, y que siente la responsabilidad de llevar a los seres humanos a los lugares más sublimes: “¡No comprendéis qué mal oficio es ese!”, responde, “lo auténtico no queda perdido para la posteridad”, afirma convencido. Estas palabras son recogidas por el gracioso (el actor), quien aboga por utilizar las magníficas artes del poeta para el entretenimiento de la gente: “¡Oh, no quisiera oír hablar de la posteridad! Supuesto que quisiera hablar de ella, ¿quién divertirá entonces a los contemporáneos?”.

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