Fines éticos de la televisión

1

La reciente discusión sobre la calidad de los programas televisivos en nuestro país, bien podría prestarse a una simpática analogía con el primer prólogo de la obra Fausto, de Goethe. En esta parte de la obra, entran en escena tres personajes: el director, el poeta y el gracioso, quienes discuten sobre el contenido del espectáculo que habrán de ofrecer al público.

El primero de ellos, el director, que no es otro que el empresario que concibe la pieza teatral como un negocio, se encuentra empecinado en satisfacer, a como de lugar, las exigencias de su público: “buscad solo la forma de aturdir a los hombres, que eso de satisfacerlos es difícil”, afirma. Esta postura desata la indignación del poeta, amante de la verdad, y que siente la responsabilidad de llevar a los seres humanos a los lugares más sublimes: “¡No comprendéis qué mal oficio es ese!”, responde, “lo auténtico no queda perdido para la posteridad”, afirma convencido. Estas palabras son recogidas por el gracioso (el actor), quien aboga por utilizar las magníficas artes del poeta para el entretenimiento de la gente: “¡Oh, no quisiera oír hablar de la posteridad! Supuesto que quisiera hablar de ella, ¿quién divertirá entonces a los contemporáneos?”.

Sigue leyendo

Protestas contra la ‘basurización’ de la sociedad

tv basura 2

Diversos colectivos juveniles han iniciado una inusual pero valiente convocatoria ciudadana para protestar contra la denominada ‘Televisión basura”, que ha logrado un alto nivel de consumo en los últimos años en el Perú.

Es esperanzador percibir que detrás de la protesta de estos colectivos juveniles se observa un despertar cívico que se distancia del silencio cómplice y se afirma en la indignación frente al atropello y aquella lógica del entretenimiento que aprovecha de la cultura consumista televisiva para banalizar la cultura.

Sigue leyendo