Protestas contra la ‘basurización’ de la sociedad

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Diversos colectivos juveniles han iniciado una inusual pero valiente convocatoria ciudadana para protestar contra la denominada ‘Televisión basura”, que ha logrado un alto nivel de consumo en los últimos años en el Perú.

Es esperanzador percibir que detrás de la protesta de estos colectivos juveniles se observa un despertar cívico que se distancia del silencio cómplice y se afirma en la indignación frente al atropello y aquella lógica del entretenimiento que aprovecha de la cultura consumista televisiva para banalizar la cultura.

Pero, es importante reconocer que lo que esta suerte de “farandulización” de la vida cotidiana da cuenta de una preocupante complicidad entre los productores de esta seductora “tele-realidad” y los propios consumidores del espectáculo. Ambos somos parte de una sociedad que tiende aun a convivir con la doble moral, a deleitarse con el morbo y el desprecio por el otro.

Somos, de algún modo, cómplices de la construcción mediática de aquella cultura que se afirma –como sostiene Lipovetsky, Gilles –en la “moral light”, la de la ética indolora, que aprende con rapidez a transgredir las normas, a obviar las fronteras entre lo real y lo ficticio, y  se afirma en una cultura en el que el valor de los deberes y derechos ciudadanos son soslayados o ninguneados, reduciéndose a la lógica del entretenimiento que legitima la banalización de la cultura.

En este contexto, necesitamos emprender una cruzada pedagógica en el que –al tiempo de salir a las calles para expresar nuestra indignación frente al proyecto comercial y consumista de la tele-basura –reafirmemos públicamente nuestras ganas de construir, desde la vida cotidiana, una sociedad sobre los cimientos de una ética ciudadana que valore la dignidad humana, que rechace la cosificación de la mujer, que promueva relaciones saludables y de respeto, que se resista a aquella cultura que ventila la vida privada de la gente desde la lógica de la mercancía mediática.

Por ello, no se trata de transferir toda la responsabilidad a los artífices y gestores  de este espectáculo mediático. Se trata también que asumamos una tarea pedagógica ciudadana, afirmando aquellos  valores ciudadanos  que la tele-basura ningunea y atropella.  Por ello, de nada servirá que apaguemos la tele, si las luces del maltrato, de la denigración de la dignidad humana aún están encendidas entre nosotros. De nada sirve que le digamos NO al espectáculo mediático de la violencia y el deprecio del otro, si no trabajamos cotidianamente para acabar en nuestros propios entornos con la discriminación, la violencia, el maltrato y todos aquellos males que producen y reproducen la cultura patriarcal y hedonista de nuestro tiempo.

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