EL GÉNERO DE NUESTRA VOCACIÓN CRISTIANA

Image 2017-02-04

Diferentes colectivos religiosos que se manifiestan en las calles de Lima y otras partes del país, han mostrado su preocupación e indignación por la enseñanza que suponen recibirán sus hijos en las escuelas, en materia de sexo, sexualidad y género. Se discute sobre el currículo escolar de educación básica y se dice que estaría introduciendo la “ideología de género” definida por estos sectores como aquella que pretende subvertir la realidad de que los seres humanos nacen hombre y mujer, introduciendo nuevas categorías de identidad. Además, se oponen a la penalización de la discriminación por razón de la orientación sexual e identidad de género (Decreto Legislativo 1323). ¿Es esta lucha justa?, ¿tiene razón de ser?

Tres constataciones previas: a) aunque es la primera vez, y pueda discutirse la pertinencia o viabilidad de sus demandas, es positivo que un sector de padres de familia y religiosos se interesen por la educación sexual de sus hijos; b) aun no siendo la primera ocasión que ocurre, siempre resulta interesante la colaboración entre evangélicos y católicos para encarar un tema social (un neo ecumenismo funcional); c) la capacidad de movilización de sectores cristianos frente a una situación que consideran les atañe particularmente (aunque se les critica por no movilizarse ante otros problemas sociales en el Perú).

Examinarlo todo retener lo bueno, es un principio bíblico que me enseñaron desde joven en la iglesia. Pues, en verdad, creo que lo que moviliza a una parte significativa de fieles católicos y evangélicos es la posibilidad de que las personas homosexuales puedan acceder a casarse legalmente o adoptar niños, o e incluso, demandar penalmente a quienes se atrevan a criticar la homosexualidad por razones religiosas. Peor aún, temen que el homosexualismo sea difundido y promovido entre los niños. Y que, en este proceso, la familia sea destruida y nos venga como un huayco la decadencia moral. Este es el meollo del asunto.

Partamos por reconocer que sobre la homosexualidad, se ha venido discutiendo ardorosamente en toda la cristiandad occidental desde décadas, causando difíciles y dolorosas divisiones en las iglesias de Europa, Norteamérica, África, etc. La ubicación de los homosexuales en la iglesia y la sociedad pasará a la historia del cristianismo como uno de los temas teológico-pastorales más discutidos en parte del siglo XX y XXI. Discutido mucho más que el cambio climático, la pobreza, la corrupción, las guerras modernas, los migrantes. Pareciera que hoy, reconocer si eres o no un auténtico cristiano pasa por responder ésta pregunta: ¿Estas o no a favor del matrimonio homosexual? A Jesús le pareció que la pregunta pertinente que debía responder la gente religiosa de su tiempo no era, no quién es mi prójimo, sino quién se hace prójimo del necesitado, del caído, del marginado, del pecador (Lucas 10:36). En todo caso, Dios afirmará o rechazará si esta generación hizo o no la pregunta correcta a la sociedad de su tiempo.

En el Perú, las iglesias, siguen oponiéndose masivamente a la posibilidad de que el matrimonio se amplíe a personas del mismo sexo, o que a este sector se les concedan otros derechos. Hay, por cierto, sectores cristianos que están contra esta corriente. “PAZ Y ESPERANZA” se reconoce parte del movimiento evangélico protestante del Perú. No es una iglesia local ni se adscribe a denominación evangélica en particular, y quienes integran la organización provienen y abrazan distintos trasfondos eclesiales y teológicos. Paz y Esperanza cree que la unidad se construye en lo esencial de la fe y en la integridad del testimonio. Reconoce que las iglesias han pasado por diversas divisiones por conflictos entre sus líderes, por énfasis doctrinales, por el ejercicio de los carismas o por la diversidad de prácticas litúrgicas, algunas de las cuales pasaron a un segundo plano, tiempo después. Por eso, se ha propuesto promover espacios de diálogo, procurando ser un puente entre distintos sectores cristianos y de la sociedad. Hace falta dialogar con respeto, amor fraterno y discernir la voz de Dios en temas tan complejos.

Siendo una organización derechos humanos, y aun cuando no se encuentra en su mandato trabajar por los derechos de minorías sexuales, Paz y Esperanza tiene una directiva institucional de firme oposición a todo tipo de discriminación que atenta contra la dignidad de las personas y están dispuestos a sustentarlo pues tienen la convicción que es lo que Cristo les urge como ministerio.

En tanto vivimos en un Estado laico, quienes somos parte de Paz y Esperanza reconocemos que se debe legislar considerando las opiniones e intereses de todas las personas, lo cual incluye a quienes no sienten lo religioso como el principal motor de sus vidas, o a quienes, definiéndose como católicos o evangélicos, tienen una mirada distinta al de la mayoría religiosa. Pero respetando el Estado laico, nos oponemos a la idea de relegar la religión al ámbito privado. Esa no fue la lógica, de héroes civiles como Martin Luther King o Bartolomé de las Casas. Creemos, pues, que es esta interacción entre ciudadanos y compatriotas de trasfondos distintos, lo que posibilitara la construcción de una nación genuinamente democrática. Con diálogo, sin prejuicios de por medio, con respeto. Sustentando la pertinencia de nuestros argumentos. El diálogo no es fácil, y siempre estaremos tentados a imponer nuestra visión de la vida a los demás. Pero no hay otro camino. Como dice 1 Pedro 3:15: “…estén siempre dispuestos a explicarle a la gente por qué ustedes confían en Cristo y en sus promesas. Pero háganlo con amabilidad y respeto”.

Y aquí debo señalar mi rechazo a los insultos contra cristianos honestos que tienen dudas o certezas respecto al reconocimiento del matrimonio de parejas del mismo sexo. Podrá parecer a algunos que sus argumentos son endebles, pero no todo puede ser considerado fanatismo. Y con la misma energía, considero anticristianas las manifestaciones de odio e intolerancia de personas que se autoerigen los guardianes de la fe y de la pureza cristiana, despreciando a las personas que no piensan como ellos. También repulsa el aprovechamiento de malos políticos que han encontrado una veta de popularidad fácil exacerbando los ánimos de los manifestantes. La historia, y los ciudadanos conscientes, los desenmascararán.

Cabe reflexionar, ¿es la homosexualidad el mayor riesgo para vivir una saludable moralidad en el Perú?, ¿es ella la que destruye a la familia heterosexual de hoy? A los primeros cristianos les tocó evangelizar en sociedades paganas con tanto o más problemas sexuales que la nuestra. ¿Cuál fue el accionar de Pablo y los demás discípulos?, ¿Cuáles fueron sus énfasis ministeriales y estrategias?, ¿Cuáles fueron las batallas que eligieron librar y donde pusieron su energía?. Estamos invitados a responder con honestidad estas preguntas.

En nombre de una campaña como la emprendida, ¿vale la pena poner al margen los avances que el país ha logrado en materia de igualdad de oportunidades para la mujer y de lucha contra la violencia que les afecta (lo que en términos técnicos se denomina “enfoque de género”, es decir, relaciones justas entre hombre y mujer)? Sinceramente, ¿creemos que el Estado no debe involucrarse en la educación sexual de niños en las escuelas? Si se lograra finalmente que las escuelas públicas no enseñen sexualidad, como pide el movimiento “Con mis hijos no te metas”, ¿cómo respondemos a la escandalosa realidad de abuso sexual contra niños y niñas que no ocurre mayormente en las calles, ni en las escuelas, sino en el espacio, supuestamente seguro, del hogar? Se argumenta que sólo los padres tienen derecho a educar a sus hijos en sexualidad. ¿Realmente creen que familiares abusadores enseñarán correctamente la sexualidad a los niños? ¿Cómo enfrentamos el acoso escolar contra menores a quienes se les tilda de homosexuales? ¿o la discriminación por razón de la procedencia geográfica o el color de la piel?, ¿o el alto índice de embarazos adolescentes (22% de niñas de 15 a 19 años ya son madres en sectores rurales). ¿Bastará quitar la palabra género del currículo escolar para solucionar estas graves problemáticas?. Está bien que respaldemos o nos opongamos a las políticas públicas. Somos ciudadanos y tenemos derecho a opinar sobre cómo se desenvuelve la vida social y política del país. Pero como dice ese viejo y sabio consejo: Hay que pasar de la protesta a la propuesta. Y, sinceramente, veo una orfandad de propuestas viables para un país sediento de ellas.

Es más que evidente que hace rato se metieron con nuestros hijos. El espiral diabólico de violencia y abuso sexual contra niños, mujeres y como no, de los hombres, ha marcado la vida de millones de compatriotas nuestros .Y, lamentablemente, los esfuerzos de los distintos gobiernos de turno aún son insuficientes y débiles. No basta tener un impecable currículo escolar sino se mejora integralmente la educación. No bastan los indicadores de la prueba PISA.

Las iglesias tienen la gran responsabilidad de contribuir positivamente a la construcción de una generación que viva sin violencias. Una propuesta sería formar una Gran Alianza Social (iglesias, gobierno, escuelas, empresas, organizaciones de base, etc.) para desterrar el prejuicio racial, religioso, la homofobia, el abuso y maltrato contra niños y niñas.Y las iglesias podrían dar una buena señal dedicando, durante los próximos diez años, un porcentaje de sus ingresos para lograr ese objetivo. Repito, ser propositivos, no estar sólo a la defensiva. Nos hemos equivocado al leer Mateo 7,12. Jesús nunca dijo “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Fue, más bien, afirmativo: “Traten a los demás como ustedes quieran ser tratados”.

Tenemos al Espíritu de Dios que nos guiará a toda verdad. Si lo invocamos, nos puede convertir en una fuerza de cambio para bien de la sociedad. Pues el género de nuestra vocación cristiana es servicio, amor, compasión, justicia. Ser sal y luz en medio de una cultura que deshumaniza. Tengo una gran esperanza que Dios nos concederá, si se lo pedimos, creatividad y coraje para enfrentar los serios problemas que agobian al Perú, 200 años después de su independencia política. No tengamos miedo, pues el verdadero amor echa fuera el temor.

Lima, 3 de Febrero 2017

Un pensamiento en “EL GÉNERO DE NUESTRA VOCACIÓN CRISTIANA”

  1. Lindo artículo Alfonso. Dos cosas por preguntar.
    No entendí la respuesta a la gran preocupación de la comunidad evangélica de que si la educación pública, debe enmarcar su enfoque de orientación sexual a los niños considerando sólo dos sexos o más.
    Otra consulta, algunos dicen que por la libertad religiosa los padres tienen el derecho de exigir al centro educativo a que no se le obligue a sus hijos a practicar o a someterse a la inducción de una confesión distinta, pues la sociedad es plural. El concepto de estado laico induce a pensar que se debe eliminar la enseñanza de la religión de los colegios públicos y evitar la persuasión de principios (científicos y filosóficos) contrarios a la fe que la familia tiene. ¿Esto es correcto? Si lo es, ¿esto sería aplicable también al tema de orientación sexual? ¿Sería posible que una pareja homosexual pida que a su hijo se le oriente bajo su propia concepción de sexualidad y genero? ¿se podría exonerar de la educación sexual?.
    Un abrazo y saludos a los amigos de Paz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>